
A primera vista, Farmacia de Guardia y Nuestros muertos parecen habitar territorios escénicos completamente distintos. Una, convertida en icono televisivo de la España de los noventa; la otra, una pieza teatral que se adentra en una de las heridas más profundas de nuestra historia reciente. Sin embargo, ambas comparten lazos que ayudan de una manera muy concreta la forma de entender la escena como espacio de responsabilidad colectiva.
Micomicón Teatro nace en 1991, el mismo año en que se estrena Farmacia de Guardia. No es un dato anecdótico: 1991 marca simbólicamente el inicio de una manera de contar lo cotidiano y lo traumático desde la escena y la pantalla, con una mirada profundamente humana. La compañía surge de la mano de Juanjo Artero, Isabel Gaudí y Laila Ripoll, a quienes se uniría posteriormente Mariano Llorente, configurando un núcleo creativo que ha mantenido una coherencia poco habitual en el panorama teatral español.
Hay además un vínculo familiar y cultural especialmente revelador: Laila Ripoll es hija de Concha Cuetos, la inolvidable protagonista de Farmacia de Guardia. Esa conexión no es solo biográfica, sino casi poética. La serie que acompañó a millones de hogares españoles desde el humor y la cercanía encuentra, décadas después, una prolongación ética en el teatro de su hija, que ha convertido la memoria histórica, la violencia y la responsabilidad colectiva en el centro de su escritura escénica. Ese compromiso ha tenido también una traducción institucional: Laila Ripoll fue directora del Teatro Fernán Gómez entre 2019 y 2023 y, desde 2024, es la actual directora de la Compañía Nacional de Teatro Clásico (CNTC).

Por otra parte, Mariano Llorente encarna como pocos esa doble pertenencia. Su trayectoria es singular: por un lado, es Premio Nacional de Literatura Dramática por El triángulo azul, galardón compartido con Laila Ripoll por una de las obras más contundentes y necesarias sobre la memoria de los campos de concentración nazis; por otro, el gran público lo puede reconocer por su participación como actor de series y películas profundamente populares como Farmacia de Guardia, Los Serrano, Acacias 38 o Campeones.

Junto a Laila Ripoll —con quien además comparte vida y un hijo— Mariano Llorente ha construido una de las trayectorias más sólidas del teatro comprometido en España. Un teatro que no busca el confort del espectador, pero que tampoco renuncia a comunicarse con él. En ese sentido, Farmacia de Guardia y Micomicón Teatro comparten algo esencial: la creación de un espacio de escucha. En la farmacia de la serie, los conflictos cotidianos —y otros no tanto— se verbalizaban desde la empatía, la cercanía y el reconocimiento mutuo. En Nuestros muertos, ese espacio se vuelve un poco más extremo: un encuentro ficticio entre una madre octogenaria y el preso de ETA que asesinó a su hijo. Cambian los tonos, pero no cambia la convicción de fondo: la cultura como lugar donde una sociedad se mira a sí misma.
Esta mañana, en RadioManchuela hemos conversado con Mariano Llorente para contarnos más acerca de Nuestros muertos. Puedes escuchar la entrevista completa aquí:
Además, si quieres razones para no perderte la función de este domingo, sigue leyendo.
La obra imagina un encuentro entre una madre octogenaria y el preso de ETA que asesinó a su hijo, inspirado en experiencias reales. No hay reconciliación programada ni tesis previa. El interés no está en convencer, sino en poner frente a frente dos biografías atravesadas por un mismo hecho, y observar qué ocurre cuando la palabra se enfrenta a lo irreparable.

Aquí el conflicto no se construye a base de acción ni de subrayados emocionales. Los silencios tienen peso escénico y sentido dramático. El espectador no recibe instrucciones sobre cómo posicionarse; se le concede tiempo para pensar.
El texto de Mariano Llorente evita explicaciones y se apoya en preguntas que permanecen abiertas: ¿qué significa asumir una responsabilidad?, ¿hasta dónde llega el odio, el dolor y la memoria?, ¿qué se transmite cuando el daño no se repara? La obra no pretende cerrar heridas, sino nombrar lo que suele quedar fuera del relato público.

La dirección y el trabajo escenográfico, con la mirada de Laila Ripoll, optan por la contención. No hay elementos superfluos ni distracciones formales. Todo está orientado a sostener el encuentro y a centrar la atención en la palabra, el silencio, las miradas, la presencia.
Nuestros muertos no propone una experiencia cómoda ni evasiva. Apela a un público que entiende el teatro como un espacio para pensar colectivamente, para enfrentarse a una violencia cercana y a sus consecuencias a largo plazo.

Además, la inclusión del espectáculo en el Programa PLATEA sitúa la obra dentro de un circuito nacional que apuesta por textos contemporáneos de calidad, miradas escénicas sólidas y temáticas que dialogan con la realidad social sin simplificaciones.
Si este domingo no te quieres perder esta experiencia diferente en el Teatro Casas Ibáñez, puedes comprar las entradas en nuestra página web o en el Centro Social hasta el viernes a las 12h.
